jueves 19 de noviembre de 2009

La deshonra

Uno ya no espera nada de un Gobierno que cedió al chantaje terrorista nada más ganar unas elecciones y retiró las tropas de Irak, y que negoció con ETA cometiendo la más estruendosa sarta de mezquindades. Lo raro, en este caso, sería que hubiesen lanzado una operación militar heroica que pusiese a salvo a los marineros del Alakrana y diese una lección a esos guardacostas tan simpáticos. Pero incluso en el supuesto de que aceptasen pagar el rescate para liberar a los secuestrados, lo que todavía uno se pregunta es dónde queda el sentido del honor (de los españoles) y, sobre todo, si de verdad existe alguien tan estúpido que piense que la manera de defenderse de los piratas consiste pagarles una buena suma para que puedan retirarse y abandonar felizmente la piratería.

La noticia del último día es que una panda de forajidos ha tomado el pelo al Gobierno de España, haciéndole creer que habían bajado a unos marineros a tierra cuando todo se trataba de un sucio embuste para presionar al Estado. ¿Qué clase de vigilancia ejercían los servicios secretos españoles, como para aceptar sin más el bulo de que los habían bajado a tierra? ¿Acostumbra el Gobierno a dar por buena la palabra de unos secuestradores sin escrúpulos, sin cerciorarse de cuáles son las condiciones en las que se encuentran los secuestrados? ¿No decían que estaba todo bajo control y los seguían de cerca? Es evidente, en este trueque, quién ha operado con ventaja, quién se ha plegado a las condiciones de quién y, en definitiva, quién ha salido perdiendo.

Hemos comprado la libertad de los pescadores, sí, pero al precio de nuestra vergüenza y una insana demostración de debilidad que coloca a los demás pesqueros españoles en una situación muy peligrosa. El hecho de que salgan ilesos es sin duda una buena noticia, pero no la manera en que se les ha liberado. Dicho así, ahora el gobierno está obligado a actuar con determinación si no quiere que un grupo de piratas, que no son guardacostas voluntarios, sino vulgares criminales, sigan matando españoles allí donde los encuentren. Se defienda o no la seguridad privada para este tipo de casos, desde el momento en que el Gobierno se presta al pago de un rescate la cuestión se convierte en un asunto de Estado. Y en este asunto, como viene siendo habitual, Zapatero ha obrado de manera indigna y deshonrosa.

sábado 24 de octubre de 2009

Por la boca...

Andan ciertos periodistas y políticos muy preocupados porque el sustituto de Ricardo Costa en la Secretaría General del PP Valenciano, César Augusto Asencio, escribió un artículo antisemita y negacionista en el diario Información, allá por el año 1979. Entre otras perlas, este grandísimo facha dijo lo siguiente:

Los judíos expropiaron a los palestinos de lo que ahora es el estado de Israel, los que no echaron son ciudadanos de segunda clase casi sin derechos, les expropiaron las tierras, las fábricas..., cometen toda clase de vejaciones bombardeando poblaciones civiles y campos de refugiados, han invadido con sus tropas tierras fronterizas; y ahora nos vienen con que han sido perseguidos siempre y con que son unas víctimas
Y esto:
Estamos asistiendo desde hace un tiempo relativamente corto a una explosión de anti-nacionalsocialismo, y consecuentemente de pro-judaísmo y sionismo. No quiero ser malpensado, pero me parece que todo esto está siendo dirigido por alguien a escala mundial y no creo en una mera y casual explosión de todos estos temas. Y alguien estará dirigiendo todo esto porque hay unos intereses en medio. Para descubrirlo, habrá que ver a quién beneficia todo esto. El beneficiario es sin duda el judaísmo y el sionismo.
Lo cierto es que, por mucho que los antisionistas se rasguen ahora las vestiduras, el artículo lo podría haber suscrito un editorialista de El País, salvo quizás por la palabra "nacional-socialismo" y quisiera pensar que por la negación del Holocausto. En vez de lanzarse a pedir su dimisión, antes deberían preguntarse si en el fondo no están de acuerdo con su "error de adolescencia". Si hasta podrían considerar muy seriamente concederle una columna... de esas de antes.

lunes 19 de octubre de 2009

Éxito mediático

Las cifras de asistencia a la manifestación que nos ofrecen las distintas partes interesadas son, evidentemente, erróneas y con un marcado cariz político. Contra la lógica del número de personas que caben en un determinado entorno se oponen los números de los grupos antiabortistas, que han visto cientos de autobuses llegando a Madrid y han caminado lo suficiente apretados como para pensar que son muchos más de los que en realidad son. Porque, ciertamente, hay muchas personas que no asisten y comparten sus ideas, pero cuya presencia evidente y justamente no se ha contabilizado. Al fin y al cabo, ¿cuál es la razón de todo? ¿por qué diablos se organiza una manifestación?

Sean 50.000 o 2 millones, han protagonizado un acto que se ha considerado lo suficiente importante para ganarse las portadas de los periódicos y algunos minutos de los informativos de radio y televisión. Han hecho hablar al Gobierno, aunque como de costumbre no ha dicho nada. Han generado debates por todas partes, particularmente en internet, dando lugar a que las opiniones más o menos informadas salgan a la luz pública y el Gobierno democráticamente elegido recuerde que los ciudadanos jamás le han concedido una carta blanca para hacer lo que quiera. Se han comportado, en suma, como demócratas activos.

Los motivos para oponerse a la nueva ley, incluso al incumplimiento de la presente regulación, si me apuran, o hasta a algunos presupuestos en que se despenaliza el aborto, me parecen evidentes. No se trata de imponer una moral concreta sobre la libertad de elección, sino si el no nacido debe tener derechos, algún derecho o ninguno. Es probable que, en un asunto en el que se duda de quién es y quién no un sujeto de derecho, la libertad de elección sea la peor de las opciones. El pragmatismo, aplicado a la vida humana, nos conduciría a muchas prácticas que colocarían al hombre civilizado al nivel de los animales, en función de si ha alcanzado determinadas características físicas. Es incoherente, acaso, que se despenalice en el aborto en determinados casos. Pero también que se establezca una ley de plazos, admitiendo que puede trazarse una línea arbitraria para distinguir un amasijo de células de un ser humano. ¿Por qué a los dos meses y no a los tres o a los cuatro, sabiendo además que no todos los embriones se desarrollan con idéntica velocidad? No sería tan sencillo, si las partes no estuvieran tan interesadas y las personas no hablasen desde la ignorancia o el trauma particular.

El Gobierno es, por otra parte, el que se lo ha buscado. Nada mejor para ZP que el público desvíe la vista hacia la Iglesia y olvide por un tiempo sus desmanes. Así y todo, causa admiración que los colectivos católicos tengan tal capacidad de convocatoria y movilización, mientras los ciudadanos permanecen inmóviles cuando les suben los impuestos o aumenta el paro y todavía parece que tengamos que darle las gracias a Zapatero. Haría bien Rajoy, a parte de apropiarse del resultado de una manifestación a la que no asistió, en tomar nota de cómo hacer la política en la calle ahora que el Gobierno está en su peor momento.

viernes 9 de octubre de 2009

Obama gana el Premio Nobel de la Paz

"Por estimular el desarme nuclear, por sus extraordinarios esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos"

Un Presidente que se debe a los americanos no debería aceptar un Premio Nobel que, más allá de sus palabras, le compromete políticamente con una causa externa. A decir verdad, Obama ha hecho muchos méritos con su discurso pacifista para depositar esperanzas en una Europa vacía de ideales que ya no recompensa a los hombres por sus esfuerzos, sino por sus visiones etéreas de un mundo feliz sin sufrimiento ni guerras. Obama ha llegado a ser el icono de los socialistas europeos, la viva demostración de cómo los hombres se rinden todavía ante un fenómeno propagandístico y ni exigen resultados a los gobernantes ni se molestan en averiguar si esos ideales sirven de verdad para una cosa que no sea ganar votos. Esta decisión es un caso flagrante de culto al líder y una vergüenza añadida a una larga tradición de disparates.

domingo 4 de octubre de 2009

Lo que nos espera

Verdaderamente resulta frustrante detenerse frente a un calendario y contar los días que quedan para que, en teoría, se convoquen elecciones y Zapatero se marche por fin del Gobierno. ¡891 terribles, eternos días, si no he hecho mal mis cuentas! 891 días, días perdidos, soportando a un hombre que vive para el minuto siguiente, cuya credibilidad disminuye a cada segundo de reloj y se divide por cien cada vez que abre la boca. Gracias a sus caprichos, su partido va perdiendo votos y pronto ha de quedarse tirado en mitad de la carretera. Entonces, me imagino, saldrá un héroe del coche y echará a andar sobre la llanura solitaria y desértica con un cubo abollado a la busca de la gasolinera más cercana.

¿Quién será el valiente que le sustituirá? ¡Qué bonito sería ver unas elecciones en el PSOE! Lo único que es seguro es que a Rodríguez Zapatero no lo quieren en su partido: no le gusta a Peces-Barba, ni a Pedro Solbes, ni a López Aguilar, ni a José Bono, ni a Felipe González, ni siquiera a PRISA, ni a ninguno de los que se han llamado socialistas y pretenden seguir siéndolo. Un político que sólo depende del perrito faldero de Blanco, la desteñida De la Vega y el enfangado Chaves no puede llegar muy lejos. Detrás de ellos, les siguen un puñado de incompetentes a los que han elevado a la categoría de miembros y miembras del Consejo de Ministros sin que probablemente merecieran un cargo ni en el Ayuntamiento de su pueblo.

¿Puede haber alguien, de verdad, que considere a Zapatero una persona solvente? ¡Pero si nos ha hipotecado hasta las cejas! Cuatro puntos aventaja ya el PP en las encuestas, que si bien está haciendo un trabajo de oposición bastante mediocre, parece listo a tomarle el relevo a pesar de los casos de corrupción que presuntamente afectan a su partido. El 72% de los españoles no tiene ninguna o muy oca confianza en Zapatero y el 81% cree que el Gobierno improvisa. Hace no mucho, Zapatero nos regaló aquella famosa sentencia: “Hay quienes dicen que el Gobierno improvisa -¡mentira!-, lo que hace es dar respuesta a las situaciones concretas que se producen en una grave crisis”. Luego, cuando su cerebro se aclaró ligeramente, aunque no tanto como para recordar lo que había dicho, reflexionó que gobernar a veces requiere de la improvisación. Lo que no nos dijo es que esa palabra –improvisación- no es sólo fruto de la ignorancia, sino de la desesperación en la que vive. De ver que, aunque el partido –mientras no pierda unos comicios, le parti, c’est moi- le sigue apoyando, sus palabras ya no calan de la misma manera y los hechos, por más que se empeñe en negarlos, le quitan la razón.

A estas alturas, sus medidas socialistas y antisociales deberían haber paliado el paro para justificar vagamente el asalto al bolsillo de los españoles. Todo para rellenar el agujero de favorecer a corto plazo un sector de la construcción que, según nos decían, no era el mejor modelo productivo, amén de los regalos por doquier como los 2500 euros por niño y otras medidas que dilapidaron el superávit del que ZP presumía. La tasa de paro se aproxima ya al 20%, el déficit público está a punto de rebasar el límite impuesto por la UE y aquí no se han emprendido reformas en el mercado laboral porque Zapatero es un fiel vasallo de UGT y CCOO. Lo único que se ha hecho es subir los impuestos y sacar las tijeras para reducir el gasto público en un 3,9% del PIB... –¡Zapatero contra la Educación! ¡Zapatero contra la Ciencia! ¡Zapatero contra la Industria! ¡viva la coherencia!- y presentar unos Presupuestos que, a juzgar por las previsiones para el próximo año, a muchos se le antojan muy poco realistas amén de que penalizan el ahorro.

A Rodríguez Zapatero, ciertamente, le queda una oportunidad para salvar la cara. Mientras se apropie de las ideas de Rajoy para salir de la crisis y luego le acuse de no aportar ideas, no tendrá demasiados problemas. Lo único es que ni aún caminando en esa línea, que abandona y retoma cuando quiere, el pobre es capaz de aprender una política racional. Su responsabilidad de gobernar una nación sólo es una mera excusa para hacer realidad aquello con lo que siempre ha soñado en la vida: dárselas de amable benefactor y contarle al mundo todas esas bobadas que a él le parecen un derroche de sabiduría.

viernes 25 de septiembre de 2009

Las fotos y las niñas

No es lógico que Zapatero exponga a sus hijas en una cena oficial y luego no quiera que se publiquen las fotos. Que sus hijas se presenten de ese modo ante el presidente de Estados Unidos, en una ocasión que requería la máxima etiqueta, importa mucho más al ciudadano que el hecho de que sus caras se divulguen en los periódicos, lo cual, al tratarse de menores de edad, es justo que deba disimularse si así lo desean sus padres. Pero el hecho de que están allí presentes, ¿no las convierte en personas de interés público? ¿no implica que forman parte, como Sonsoles, de un acto oficial por su relación de parentesco con un presidente del Gobierno? ¿por qué, entonces, ocultarse? Más bien ha sido Zapatero quien ha cometido un error garrafal y para esconderlo se hace ahora la víctima, aunque bien sabía la forma más fácil de que el asunto no trascendiera: no llevar a sus hijas o que acudieran vestidas de manera presentable.

Uno de los argumentos más utilizados es que este tipo de polémicas no interesan a nadie y ponen en juego la intimidad de menores de edad. La realidad demuestra que, a pesar de su carácter morboso y anecdótico, la fotografía que recoge a Zapatero y su familia no representa otra cosa que la imagen que da España en el exterior. Y si la intimidad de las hijas de Zapatero debe defenderse, también la imagen pública que ofrece España es asunto que nos concierne. Porque aunque las niñas hubiesen llevado un cartelito que dijera “yo no soy cargo público, no represento a nadie” es difícil que el ciudadano no deduzca de esa imagen la poca seriedad con que Zapatero encara los asuntos internacionales.

De todos es conocida, además, la honda relación que en Estados Unidos tiene un gobernante con su familia. Aunque no debe juzgarse nunca a uno por lo que hagan los otros, y hay cuestiones que sólo conciernen a la moral privada, siempre es preferible que los parientes, que de la noche a la mañana saltan a la fama, interfieran lo menos posible en los asuntos que acarrea la persona que ostenta el cargo público. Así que, o se busca que la familia del Presidente del Gobierno tenga un perfil presentable, o lo mejor es mantenerla apartada de lo que puede dañar a la imagen pública del país. La familia de los cargos públicos, a priori, carece de interés. Pero desde el momento en que aprovechen su condición por asuntos que nos afectan negativamente, o incluso nos cuestan dinero, todo el mundo se acordará de ellos. Y del Presidente.

P.D.: por cierto, si EFE no ha publicado la otra fotografía de las hijas de Zapatero, bien porque han cedido a las presiones, bien porque no consideran oportuno enfrentarse a una querella, tenemos que entender que es asunto suyo. Aunque no es nada digno, es muy probable que de tratarse de un acontecimiento de mayor envergadura se habrían atrevido a plantar cara al Gobierno. ¿O no?